Que nadie de ustedes llore por mi.

No Llores.
Que nadie de ustedes llore por mí,
Especialmente ustedes, con los que yo he sonreído. Ni bajen la cabeza con absoluta pena, No estén de luto, como si el féretro indujera el olvido Y ocultara todo lo que hemos vivido.

Recuerden.

No digan que he muerto, que esta es la muerte.
Digan que he vivido, disfrutando cada aliento mortal. Hemos aprendido y trabajado y forjado. Hemos buscado lo que nuestras manos querían hacer. En la búsqueda para elevarnos a más nobles alturas. Mi vida fue bendita por haber vivido, Mi muerte fue santificada por haber dado.

La vida para mí fue un desafío. Por eso fui feliz al haber vivido.

Aquellos que amamos no se van:
Caminan a nuestro lado todos los días. No son vistos, no son escuchados, pero siempre están cerca. Se les ama todavía, todavía se les echa de menos, Todavía son tan queridos No puedo decir, y no diré que él ha muerto. Sólo está lejos.

Con una alegre sonrisa, y una señal de la mano, se ha aventurado en una tierra desconocida. Y nos deja soñando cuán justas sus necesidades deben ser puesto que permanecen ahí.

 

Y tú, oh, tú, que anhelas con intensidad la pisada de los viejos tiempos y el alegre regreso. Piensa en él gozando, tan querido en el amor de ahí como el amor de aquí; piensa en él igual que siempre, yo digo: no está muerto, ¡sólo está lejos!

(Anónimo)

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